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¿No será un demonio, lo que le chuzó el pecho a la Señoa?

Más demoníacos que mis administradores, no hay nada, Sacramento. Esa trinidad de don Pantaleón, Poncio y don Lucho debería gobernar el Pandemonium.

¿Qué lugar es, Señoa?

La capital del Averno.

¿Qué son lo diablo y dónde están?

Ay, Sacramento, alcanzáme el libro grande, el de tapa morada, del basileo. Te voy a enseñar lo que me contaron del Infierno.

Yo no quiero mirar, Señoa. Hay un diablerío por toda parte.

Más hay en el mundo. En estas “Cartas de la Noche” un tal Jean Wier censó los siete millones cuatrocientos cinco mil novecientos veintiséis demonios reclutados. Es como un organigrama del Báratro.

¿Tanto diablo suelto?

Hay mil ciento once legiones patrullando la tierra día y noche, para arrasar el bien allí donde prospere, dice el basileo. Pero a estos helvecios hay que creerles a medias. Y a los basilienses, la mitad de media, de manera que nuestro Wier tiene un cuarto de crédito. Vamos a leer un poco. Acá dice: “demonios hay muy aviesos, entrenados en el deporte del mal, que se cuelan por las rendijas del alma para perjudicar a los cristianos”.

No entienda nada.

Ya sé. Hay que traducir. Las palabras de estos ocultólogos son enrevesadas, confusas, embrolladas. Esconden más de lo que nombran. Mienten más de lo que mentan. ¿Dónde se ha visto que el alma tenga grieta, fenda o ranura? Un alma con puerta ya está muerta, se escaparía ella misma por el umbral. Se dejaría vacía. El alma no tiene resquicios, sólo tiene vicios.

¿Entonce miente el gringo?

No. No miente. Quiere llegar a la verdad por el camino más largo. Está diciendo que una debilidad de nuestra parte, un descuido infeliz o demasiada confianza, puede abrir las puertas del Infierno y dejar pasar los diablos.

Reseña crítica acerca de la novela “Culpa de los muertos”, de Alejandro Maciel, Editorial Rubeo, Barcelona, 2008.

http://www.insulalibros.com/

 

“Efectivamente, el editor me remitió su novela “Culpa de los
muertos”, que he leído con atención y agradable sorpresa por su
excelente escritura. Un concierto coral multiforme que traduce muy bien
la dura historia, aunque el humor y la ironía templan bastante el ánimo
del atrapado lector. Incluso el hecho del doble tipo de letra contribuye
a la multiplicidad de reflejos que abren y cierran la trama de manera
muy equilibrada por mor de la alternancia. Mi enhorabuena más convencida
y sincera”.

Prof. Victorino Polo García

Cátedra de Literatura Hispanoamericana

Universidad de Murcia. España. 2008

Dibujo de Elena Balletbo

REVISTA LIBRO “Palabras Escritas”

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240 páginas, tapa negra, 13 x 24 cm.

 

Editorial SERVILIBRO, Paraguay.

 www.servilibro.com.py

25 de Mayo esq. Méjico, Plaza Uruguaya,

 

Asunción, Paraguay.

 

Tel/Fax: (595-21) 444770

 

Dirección: Alejandro Maciel

 

 

Dirección editorial: Vidalia Sánchez

 

Ilustraciones de Miguel Pencieri.

 

ISBN 99925-993-7-5

 

Dirección de la revista: talomac@gmail.com

 

http://palabras2008.blogspot.com/

_________________________

El Nº 6 de “Palabras Escritas”

 

aparecerá en noviembre/2008.

 

La publicación semestral “Palabras Escritas” aparecerá con el Nº 6 de este “Diálogo cultural entre Brasil e Hispanoamérica” con trabajos sobre la narrativa de Juan Rulfo en “Pedro Páramo” de la catedrática Milagros Ezquerro, de la Universidad París X Sorbona, cuentos de Carolina Orlando, Susana Ballaris, Pilar Romano, Marcelo Valenti y Ricardo Benítez, poesías de Elvio Romero, Pepa Kostianovsky, Florencio Godoy Cruz,  ensayos de Salma Ferraz (Univ. De Florianópolis), Hugo Boleso, Enrique Acuña, Coriolano Fernández, Vicente Peiró (Univ. De Valencia).

 

“Palabras Escritas” publica obra creativa de nuevos autores latinoamericanos, tanto de Brasil como Hispanoamérica y obra crítica de especialistas de universidades como: Poitiers, Montreal, Santa Catarina, R G do Sul, Ottawa, Valencia, Madrid, Buenos Aires, Sorbona de París, Gottemburgo, y que se ocupan de obras o autores latinoamericanos.

 

El Nº 5 dedicado a Juan Rulfo fue presentado en la Feria del Libro de Buenos Aires, en el stand de Brasil.

 

Cada número lleva una tapa e ilustraciones especialmente realizadas por el plástico argentino Miguel Pencieri.

 

Ya se ha publicado obra creativa de autores de Méjico, Chile, Colombia, Venezuela, Costa Rica, Brasil, Bolivia, Perú, Uruguay, Argentina, Paraguay, Ecuador y Cuba.

 

Para colaborar enviar trabajos (hasta 4 páginas de Word en letra de cuerpo 12) poesías, cuentos, fragmento de teatro, novela, comentario literario, ensayos al e-mail:

 

talomac@gmail.com

 

alejandro maciel, 2008.

 

 

 

 

CONSIDERACIONES LITERARIAS ACERCA DE PUERTOS Y PUERTAS.

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Hemos de observar que la palabra “Puerto” proviene del latín portus que significaba el espacio geográfico del puerto, el almacén y la aduana; todo ese conjunto era el puerto. Por ejemplo, el Portus Galia que también significaba “la puerta de las Galias” terminó transformándose en Portugal. Puerto y puerta además de ser parónimos son términos casi equivalentes que sólo difieren en la última vocal. Porque el puerto no es más que la puerta de una ciudad ribereña, tanto marítima como Cádiz o fluvial como Corrientes o Asunción. Buenos Aires debe su histórica fama al hecho de ser una puerta doble que abre al río y al mar al mismo tiempo. Tampoco deberíamos olvidar que muchas ciudades, como esta misma de Corrientes fue fundada como puerto aunque después la red vial nos haya hecho olvidar ese pasado oxidando las plumas de las grúas en nuestro maravilloso puerto. Pero aquel barco con dueñas y grumetes fletado en Asunción en 1588 bogó sin descanso hasta recalar en el emplazamiento frente a las siete puntas que le daban grandes ventajas portuarias y dársenas naturales.

¿Y qué es un puerto, entonces? Un puerto queridas damas, pacientes caballeros no es más que un sitio de intercambio, de entradas y salidas, de comercio, de negociaciones donde los nativos conversan con los forasteros sin un protocolo burocrático ni palaciego. ¿Y de qué hablarán esos nativos y esos viajeros? De sus intereses, el puerto es el sitio exacto donde los intereses materiales que tanto aborrecemos los intelectuales se presentan desnudos, desprovistos de ideologías; allá un señor bigotudo se empeña en vender mercaderías, acá una comerciante bisoña se entrena en el regateo, pide más y ofrece menos. A nadie se le ocurriría mezclar en estas transacciones ideas acerca de la inmortalidad del alma, la situación del ser-en-el-mundo o los distintos enfoques de la teoría de la plusvalía. No. En el puerto se compra y se vende y todo tema ajeno a este fino equilibrio económico, cae en franca herejía. El puerto, la puerta de la polis, es el dominio de lo concreto, del comercio, del trueque, de las divisas y así, la realidad concreta va creando la abstracción de los números, el álgebra, las matemáticas, los sistemas filosóficos, políticos y religiosos: de la zona cananea se originaron las maravillas del mundo antiguo; se inventaron los dioses que hasta la fecha adoramos, el conteo que nos auxilia en las estadísticas, el reracionamiento social, el uso de la propiedad, la sociedad.

¿Cómo se produjo todo este milagro en un mercado de ventas?

En un puerto de Fenicia llamado Tiros, buscando registrar las cantidades se inventó el 0 (cero) y el sistema decimal. En otro puerto de Ugarit se creó el primer alfabeto que permitió la escritura y con la escritura se inventó la Historia que ya no deja librado a la frágil memoria de los hombres todo el pasado de la civilización. Creo que vamos viendo claramente cómo, a partir de una necesidad material surge una abstracción que lleva al camino del pensamiento y una vez echado a rodar el pensamiento jamás se detiene. No encuentra límites, la imaginación siempre se le adelanta con nuevas tierras prometidas.

¿Por qué los correntinos dimos la espalda al puerto arrinconándolo detrás de los barrotes de ese enorme paredón que encierra la Costanera hasta el Parque Mitre? Yo ignoro las intenciones de quienes planificaron esa obra pública, tal vez invocando cierto funcionalismo arquitectónico se haya querido alejar esa nítida imagen del trabajo que imprime un puerto donde todo es actividad, movimiento, desplazamiento, cambio permanente, dinámica. También abandonamos los viajes fluviales que aunque son más lentos, eran mucho más seguros que las catastróficas rutas argentinas: también esto es una señal de nuestros tiempos donde todo es apresuramiento, urgencia e inmediatez. Vivimos el tiempo como nos lo impone la TV donde cada segundo que se pierde es dinero de la publicidad que no entra y la sucesión de imágenes que valen por mil palabras debe reemplazar a las palabras que nos permiten ser racionales y pensar.

Y si hablamos de tiempo, podríamos contar la historia Argentina desde los puertos, lo que sería contarla desde la economía, lo que sería despersonalizarla de héroes y caudillos para enfocarla en los intereses materiales que estaban en juego. Desde la época colonial con el monopolio de España, después la inquietud de los criollos por librarse de la tutela comercial de la Metrópoli europea en decadencia, después la larga, larguísima lucha entre el puerto de Ultramar de Buenos Aires, aduana del país y las economías regionales que reclamaban su participación y crecimiento en eso que eufemísticamente llamamos la lucha entre Unitarios y Federales y decoramos con insignias punzó, escarapelas blancas, facones, guerras, exilios, bloqueos anglosajones, cierre de los puertos fluviales, insurrecciones, montoneras, interminables batallas de ejércitos e ideas que terminaron con un triunfo pirrónico de un federalismo proclamativo de la Constitución y el centralismo real de la economía.

¿Han visto, queridas señoras, pacientes señores cómo, a través de los ojos del puerto, la historia tiene otras explicaciones? ¿Importan en este Debe y Haber los nombres de caudillos y caudillejos que abarrotan los manuales de Historia Argentina, o pasan a un plano subsidiario? Sus nombres quedan más vistosos ahora en los mausoleos y panteones del cementerio de la Recoleta mientras nosotros, con ojos en este siglo XXI tan lleno de contradicciones podríamos aprender algo más del pasado y sus intereses encontrados.

Otro punto deseo recalcar; algo que nos enseña un puerto y demasiado fácilmente lo olvidamos. El puerto en el templo del diálogo franco. No hay sitio para especulaciones fanáticas ni regodeos sintácticos. En el puerto la mercadería tiene un nombre que es su precio; es lo único que se discute hasta llegar a un acuerdo entre partes: la mercadería y su precio. Ya dijimos que nadie invocaría catecismos políticos ni religiosos para convencer a la otra parte. Hay una transacción que es el diálogo, una materia que es la mercancía y sobre la que se pueden discutir sus cualidades y un precio que arregla el acuerdo entre las partes. ¿No es todo esto un ensayo del diálogo político?

Vayamos por parte. Muchos de ustedes habrán usado la fracesita que va y viene contra la democracia y que dice: ¿Cómo vamos a creer en los políticos si ellos se pelean en público y después se sientan entre ellos a negociar y terminan a los abrazos?

Vayamos por parte.

Es obligación de la clase política sentarse a negociar mis queridos amigos. La base del sistema representativo es justamente el depósito colectivo que hacemos todos de asignar a los representantes nuestra parte en las negociaciones. ¿Qué es negociar? Discutir puntos en conflicto hasta llegar a un acuerdo que no perjudique del todo a uno ni a otro ni favorezca todo a uno ni a otro. Para eso existe el recinto de las cámaras legislativas, para que ese debate, esa discusión entre las partes (por ejemplo entre el gobierno y la oposición) se haga público, que cada una de las partes exponga públicamente es decir a puertas abiertas sus exigencias; la otra parte escuche, valore y responda exponiendo también públicamente su posición. Si el debate es fructífero, se vota, se cuentan los votos y se llega a una decisión. Pero todo esto, cuando el sistema funciona correctamente, se hizo en el ágora pública, frente a la gente. Y está bien que así sea ya que es la base del sistema democrático; no tenemos por qué ofendernos al saber que se negoció un acuerdo, es lo normal. Era lo que sucedía diariamente en el puerto en el que comprador y vendedor discutían un acuerdo sin que nadie se sintiese ofendido, traicionado ni viera en ello teorías conspirativas.

De manera que no podemos denunciar como fraudulenta la práctica negociadora de la clase política. Ahora, cuando esa clase política se reúne a puertas cerradas a convenir acuerdos, cuando entre en cónclaves secretos y no quiere dar explicaciones; cuando se cierran los claustros públicos y empiezan las deliberaciones en privado ya podemos estar seguros que pasamos del negocio al negociado, de la política a lo privado. Y ahí sí nuestras sospechas empiezan a tener fundamentos porque pasamos del puerto al palacio y nunca nadie en ningún palacio negoció a favor de ningún pueblo mis queridos amigos y amigas. O para no ser tan radical; al menos yo no tuve noticias de que esto sucediera alguna vez.

Muchas gracias.

by Alejandro Maciel, 2008.

alejandro maciel 2008

alejandro maciel 2008

Veníamos diciendo que en la lista de los pecados capitales (es decir aquellos que potencialmente pueden asesinar el alma) hay una dudosa lista de faltas en las que sobran la gula, por ejemplo, y faltan la crueldad, la codicia que es mil veces peor que la avaricia ya que avanza sobre los bienes ajenos, mientras la avaricia por definición es el excesivo apego a los bienes PROPIOS.

He aquí la nómina censada por Santo Tomás de Aquino:

[1] No así a Santo Tomás de Aquino (Summa, II-II:153:4) que enumeró los siete pecados capitales y sus virtudes antagónicas: 1) Soberbia/Humildad  2) Avaricia/Generosidad  3) Lujuria/Castidad  4) Ira/Paciencia  5) Gula/Templanza  6) Envidia/Caridad  7) Pereza/Diligencia. No sé por qué pasó por alto la Crueldad que según Aída Aisenson Kogan (y la acompaño) supera en maldad a muchos de la lista. Además, mil veces peor que la avaricia (mezquinar los bienes propios) es la codicia (ambicionar los bienes ajenos) y considerando que Santo Tomás fue uno de los hombres más obesos de su tiempo, no hubiese sido mala idea tender un manto de caridad sobre la gula y evitar la mención de la cuerda en la casa del ahorcado.

Hablando de otras cosas, ¿qué opinión les merecen eso de los pecados capitales? Aída Aisenson me dice que no se incluyó la crueldad (que hace tanto daño) y sí la gula que es una boludez… y otra observación que me hizo: no figura la codicia (desear los bienes ajenos) sino la avaricia (aferrarse a los bienes propios) lo cual, pensado en el bienestar general es exactamente al revés ya que es mucho más peligroso para la salud publica la codicia (ladrones, asaltantes) que el simple avaro que a nadie hace daño.
Es para pensarlo, ¿no?

LA MACULADA CONCEPCIÓN DE LOS EBIONITAS

En el primer siglo de la Era Cristiana  (la “interna del Judaísmo” como llama mi amigo Humberto Rubín al Cristianismo) no tenía fronteras muy claras que separase ambas doctrinas. Un grupo de catecúmenos se refugió en Pella, a orillas del Jordán, cuando Tito sitió y destruyó Jerusalén en el año 70 d.C.

Esta secreta secta seguía acatando la Torah que es decir la Ley de Moisés, respetaba el sábado, se circuncidaba, creía que Cristo era el Mesías pero no que fuera Dios ni parte de Dios ni pariente de Dios ya que cualquiera de estas condiciones destruía el monoteísmo en el momento de aceptarse. Enseñaron que Dios había dividido el dominio del tiempo, he aquí el interés que cobra para nosotros que perseguimos esa idea; a Satanás le asignó el reino temporal y a Cristo, la eternidad. Se inspiraban en el texto original de Mateo escrito en arameo judeizante; repudiaban las leyendas acerca del nacimiento milagroso aceptando que Jesús era hijo de María con José o con un soldado romano y a partir de esa concepción la humanización de la Segunda Persona quedaba conforme a sus ideales. Si alguien les objetaba que Cristo se llamaba “Hijo de Dios” aceptaban que Dios lo adoptó durante el bautismo pero perdió esa condición en el momento de morir en la cruz. Rechazaban los tres evangelios restantes y detestaban al apóstol Pablo por ser apóstata, y no aceptaban la resurrección ni las promesas de vida perdurable. Por la pobreza de su doctrina Ireneo de Lyon, discípulo de Policarpo, discípulo del apóstol Juan los llamó “ebiones” que significa pobres. No se destacó ningún heresiarca en sus filas y para el siglo V d. C., no había noticias de ellos. [1]   

EL APELLIDO DE  JESÚS

Resulta interesante esta división divina entre el imperio del tiempo y el de la eternidad; ¿será que para los ebionitas Dios leyó a Platón, que distingue ambas cosas? Satanás, en razón de su dominio le ofrece el poder temporal a Jesús cuando está orando en el huerto. ¿Para qué aceptar la corrupción del tiempo si tenía en su poder la eternidad inmutable? Es sabido que Jesús lo rechazó. El cauto evangelista no dice por qué; nosotros que ahora sabemos lo que enseñaron los ebionitas podemos sospechar la causa del rechazo.

En el siglo II d. C. el médico Celso escribió un opúsculo “Discurso Veraz contra los Cristianos” en el que usa varios argumentos para sembrar sospechas en cuanto a la divinidad de Jesús; una de ellas es el nacimiento virginal que impugna aseverando que era hijo de un soldado romano llamado Pandera y el nombre civil de la Segunda Persona era “Jesús ben Pandera”. Nunca hubiésemos tenido noticias del Discurso Veraz (que se perdió) si el furibundo Orígenes de Alejandría no hubiese respondido escribiendo el alegato cristiano “Contra Celso”[2] en el que reproduce párrafos íntegros del escrito que combate. Por él sabemos que algunas de las objeciones de Celso son agudas y dejan en penumbras las respuestas. No olvidemos que Celso jamás negó la existencia real de Jesús, puso en duda su divinidad. Criticó a los seguidores de repetir constantemente que Cristo murió para cumplir profecías del A.T. y no ve milagro alguno en este hecho de obedecer escritos más antiguos como quien continúa la escritura de un acta y debe ajustarse a los ítems ya asentados. Segundo, si verdaderamente hubiese sido Dios, tendría que haberse salvado de una muerte infamante que en nada beneficia a Dios ni a los hombres, señaló. Y otra observación sutil: ¿Por qué no resucitó como murió, ante una multitud? Todos pudieron ver que era azotado, que arrastró la cruz, que fue crucificado pero los testigos de la resurrección se limitan a dos mujeres, algunos apóstoles y otros seguidores. ¿Por qué no se apareció al Sanedrín que lo condenó? ¿Por qué no se manifestó ante Pilatos? ¿Por qué no desapareció en la cruz ante la chusma que lo repudió?

En otras palabras, el sagaz Celso nos dice: “Todos lo vieron morir pero solamente sus secuaces lo vieron resucitado, ¿qué garantías tengo para creer?” A todo esto, objeta que quienes catequizaban en su tiempo decían: “O crees o mueres eternamente” lo que reputaba como argumento infantil.

He aquí algunos pasajes de la crítica de Celso:

1) La catequesis cristiana primitiva (siglo II d.C.)

“Vemos, efectivamente, en las casas privadas a cardadores, zapateros y bataneros, a la gente, en fin, más inculta y rústica, que delante de los señores de casa, hombres provectos y discretos, no se atreven a abrir la boca; pero apenas toman aparte a los niños, y con ellos a ciertas mujercillas sin seso, ¡hay que ver la de cosas maravillosas que sueltan!” (III, 55).

2) Los cristianos reclutan gente ignorante y acrítica:

 

Llaman solo a gente tonta y de condición servil (III,18, cf. I,27; III,50; VI,12-13). “El maestro cristiano anda en búsqueda de necios” (III,74).

“Cualquiera que sea pecador, cualquier insensato, cualquier niño pequeño y, en una palabra, cualquier miserable, a este lo aceptará el reino de Dios” (III,59).

Los cristianos afirman: “Dios fue enviado a los pecadores” (cf. III,62; Mt 9,11-13). Y ante esto Celso reacciona: “Pues qué, ¿no fue enviado a los sin pecado? ¿Qué mal es no haber pecado?” (III,62; cf. III,49; III,64); y “¿Qué mal hay en ser instruido y prudente?” (III,49). Los llamados son: “los tontos, plebeyos, estúpidos, mujerzuelas y chiquillos” (III,49). El motivo de esta actitud cristiana es clara para Celso:

3) Los cristianos recelan de la razón y la sabiduría: “Entre los cristianos se dan órdenes como esta: Nadie que sea instruido se nos acerque […] No, si alguno es ignorante, insensato, inculto o tonto, venga con toda confianza. Ahora bien, al confesar que tienen por dignos de su Dios a gente de este tipo, bien claramente manifiestan que no quieren ni pueden persuadir más que a necios, plebeyos, estúpidos, esclavos, mujerzuelas y chiquillos” (III,44).

No intento realizar la apologética de Celso ni convalidar su manifiesta animadversión hacia los cristianos; sólo  me conformaría con señalar una paradoja. De no haber sido por el ardor dogmático de Orígenes de Alejandría jamás hubiésemos conocido las críticas del médico romano ya que la obra “Discurso verídico” se perdió en los vericuetos del tiempo pero quedó lo que Orígenes reprodujo fielmente para refutar.

alejandro maciel



[1] Escribieron sobre los Ebionitas:

-Ireneo de Lyon, Contra las Herejías, siglo II d. C.

-Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, siglo III d. C.

-Justino Mártir, año 150 d. C.

-Orígenes de Alejandría.

[2] Origène, Contra Celse, Editions M. Bonet, París, 1976.

 LA VACA  Y   LA  LLUVIA

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La Vaca, la Vaca

Juega a las barajas.

 

La lluvia, la lluvia

Cae rubia y turbia.

 

La Vaca murmura

Su canción de cuna.

 

“Duérmete ternero

Hasta el seis de enero

Que vendrán los Reyes

Si no tienen fiebre”.

 

La lluvia de ayer

Deja de caer.

 

La del mes que viene

Pasa por un peine,

Se lleva el jabón

Con ella, al Japón.

 

La Vaca, la Vaca

Dice que está flaca.

Un fardo de heno

Le cae indigesto.

 

El hijo-Ternero

Nunca tiene sueño.

Se pasa las noches

Haciendo fantoches

Asusta a la Luna

Que es sola y es una.

Que si fueran dos

Tendrían razón.

Pero es una sola

Y llueve y se moja

Con mucha congoja.

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by: alejandro maciel

LOS EXCESOS DEL SEXO

EXCESOS  DEL  SEXO

 

 

 

Antes de iniciar este diálogo convendría fijar el marco semántico en el que se pueden encuadrar términos que sólo vagamente manejamos día a día en la emisión y en la recepción.

Palabras como sexo, obsceno, erótico, sensual, pornográfico definen un poco vaporosamente zonas en lo que hay implicancias genitales sin especificar claramente el monto de la misma y el costo del consumo, para hablar en términos de mercado, ya que están tan de moda.

El nunca bien ponderado D.R.A.[1] viene en nuestra ayuda a tratar de dar lustre y esplendor a la escasa ciencia de nuestras conciencias. Así, nos enteramos que:

 

Sexo: (del latin sexus) es la condición orgánica, masculina o femenina de animales y plantas.

¿Han visto cómo; cándidas lectoras, insidiosos lectores un inocente término botánico y zoológico genera tanto alboroto cuando aparece escrito?

 

Obsceno: (del latin obscenus: fuera de escena, impuro, deshonesto, sucio, infausto, feo) impúdico, ofensivo al pudor, lascivo.

Ahora tenemos un término originado en el teatro, antro que siempre ha sido sospechoso de tener comercios y tratos indignos con la condición masculina o femenina de los animales y plantas. Lo “obs-ceno” era lo que los grandes trágicos de la Grecia Clásica dejaban fuera de escena, lo que nunca se mostraba. Por ejemplo, en la Orestíada el errante Orestes asesina a Clitemnestra, su madre, asestándole cinco puñaladas. Esquilo consideraba que el crimen debía ser relatado ya que in escena sería ofensivo al pudor, sucio y feo como son todos los actos criminales que no elevan la moral social[2]. Por lo tanto se desterraba la acción ob-scena, fuera del ámbito del skene público donde deliberaban el coro, el protagonista y el antagonista. Degollar un personaje en ese recinto sagrado hubiese sido una profanación: no olvidemos que el teatro se originó en una liturgia. Ya ven, mis queridos congéneres, de la farándula saltamos al ámbito de la ética siguiendo siempre por la senda de la condición masculina o femenina de las plantas y animales.

Erótico: define lo perteneciente o relativo al amor sexual. Y ahí el diccionario de la R.A.E. ya me instala una duda: ¿no querrá decirnos que el amor sensual nunca nos pertenece y sólo es relativo? De los académicos podemos esperar cualquier cosa. En forma sutil, yo diría casi taimada, inyectan sospechas en nuestras pobres mentes dementes. No se olviden que habla de “amor sexual” y que sexual era la condición femenina o masculina de las plantas y animales. También dice que erótico es lo “que excita el apetito sexual” o dicho de otro modo, que despierta el hambre de la condición masculina o femenina de las plantas y animales. Pero disimuladamente introdujo el amor y si fuésemos a definirlo nos llevaría de la mano a Platón, san Agustín y el obeso Santo Tomás de Aquino,  que lo único que amó en su vida fueron pavos trufados, requesones, jamón y viandas que consiguieron hacer de él un pastor tan voluminoso que en la iglesia donde oficiaba hubo que cavar una medialuna para que santo Tomás, doctor de la Iglesia si los hubo, pudiese alcanzar el cáliz, la patena y las hostias sin atropellarlas con el vientre.

 

Sensual: se dice del gusto y deleite de los sentidos / Perteneciente o relativo al deseo sexual. De nuevo nos encontramos con algo nuevo: el deseo unido a lo sexual y ¿qué es el deseo?

 

Deseo: es el “movimiento hacia algo que se apetece” ¿y qué es lo que se apetece?: la condición orgánica, masculina o femenina de las plantas y animales.

 

Pornográfico/a: Personas que escriben acerca de  la prostitución. Carácter obsceno de obras literarias o artísticas. Lamento informarles que tres de los cuatro panelistas somos pornográficos ya que hemos escrito un librito llamado “Prostibularias” que no versa acerca de misas y novenarios, sino acerca de un trabajo enfáticamente dedicado a la condición orgánica masculina o femenina de las plantas y animales.

Vayamos ahora al Diccionario literario:

PORNOGRAFIA (Del griego “pornee”: prostituta, y “grafein”: escribir)
Literatura de tema sexual rechazada moralmente. Dependiendo de las épocas y las costumbres, es difícil distinguirla del erotismo.

 

 

Ahora que ya sabemos más o menos lo que es sexo, vayamos a la literatura. Desde los primeros escritos de los patriarcas del A.T. el mismo monoteísmo que instala el concepto del pecado no puede evitar pecar al relatarnos ingenuamente que con tal de no quedar sin descendencia masculina un padre insemina sin ningún escozor moral a sus dos hijas saltando la barrera del incesto que es el único tabú universal que nos va quedando. Y eso lo relata el Génesis. Para no hablar del episodio de Sodoma donde Lot recibe la visita de dos ángeles que incitan la condición orgánica masculina o femenina de los sodomitas hasta organizar una horda o piquete sexual amenazando echar abajo las puertas de la casa de Lot si éste no entregaba a sus visitas para público regocijo de los sentidos. Lot por supuesto no cede. Propone entregar a sus hijas a la pública prostitución con tal de proteger la integridad de sus huéspedes. Pero  si las definiciones no engañan, “Pornográfico” es todo lo que se escribe sobre la prostitución y entonces al menos éste capítulo del Génesis tiene cierto tufillo porno que detestamos en las películas de la célebre Illona Staller pero leemos de rodillas en la catedral. El principio lógico de contradicción nos alerta. Pero sigamos, sin dejar de tener en cuenta el piloto encendido que dejamos atrás.

¿Por qué el finado Lot decide este canje? Primero, porque los huéspedes eran sagrados para la antigüedad, no como ahora que son prácticamente asaltados en cualquier ciudad de Italia o España por impúdicos hoteleros que cobran una fortuna por permitirles descansar una noche. Y segundo porque los forasteros no venían de Paraguay ni de Argentina; eran altos comisionados por la paz enviados por Yahveh, nada más ni nada menos. Eran ángeles y como tales, asexuados. No tenían la condición masculina o femenina porque ni eran plantas ni animales. Y no queremos ser irreverentes multiplicando los ejemplos pero el sentido común nos interpela: ¿acaso porque están escritos en la Biblia, tales hechos que los griegos no hubiesen permitido en un escenario, dejan de ser obscenos encerrados entre las dos tapas de los dos Testamentos? Claro, el Génesis no habla de penetración, si fue pro natura o contra natura, si hubo orgasmo o sólo fingidos gemidos como en las cintas XXX y entonces nos preguntamos ¿será que la alegoría de las descripciones anatómicas y fisiológicas hace a lo pornográfico? En tal sentido la literatura clásica grecolatina que repudiaba la representación visual de crímenes contaba con naturalidad toda forma de seducciones, apareamientos, regocijos genitales, fiestas y lo impúdico se refería casi siempre a los crímenes de gobierno de los tyranos, los doce césares o cualquier cuerpo colegiado que asumiera la vida y muerte de los ciudadanos.

Qué extraña perspectiva entonces, que para un pueblo resulte ob-sceno masacrar al prójimo y para otro el encuentro entre dos personas para regocijo genital.

Casi toda la obra de Hesíodo está plagada de pornografía y obscenidades si nos atenemos al vasto alcance de estas palabras: “Zeus, el padre de los dioses y los hombres urdía la idea de engendrar un defensor del mal para los hombres. Se lanzó desde el Olimpo meditando un engaño en su corazón ansioso por el amor de una mujer de bella cintura en la noche. Llegó al reino de Tifaonio, esa misma noche compartió el lecho y el amor de la reina Alcmena, la de los finos tobillos y cumplió repetidas veces su deseo. Esa misma noche volvió a su hogar Anfitrión, el esposo de Alcmena y subió al lecho con su esposa, ¡tal deseo dominaba su corazón! Como cuando un hombre escapa del dolor ocasionado por una terrible enfermedad, así Anfitrión, cumplido su duro trabajo con gozo entró en el lecho de su mujer, toda la noche estuvo acostado disfrutando de los dones del amor. Y ella, entregada a un dios y a un varón la misma noche dio a luz meses después dos hijos gemelos: Ificles, hijo de Anfitrión y Hércules, de Zeus. (Extraído de “El Escudo” de Hesíodo). Dioses que violan inocentes doncellas, muchachos, bestias de carga sobran en las narraciones de Homero, Hesíodo, Sófocles y Eurípides.

Dejando de lado lo obsceno, creo que no sería temerario afirmar que en Literatura los romanos fundaron la pornografía occidental.[3]

Petronio es autor de una notable obra de ficción, un romance satírico en prosa y verso titulado el Satiricón (c. 60), del cual se conservan algunos fragmentos. El Satiricón es el primer ejemplo de novela picaresca en la literatura europea, y puede considerarse el modelo de novelas posteriores.

 

El Satiricón ofrece una descripción única, y a menudo enormemente obscena y pornográfica, de la vida en el siglo I d.C. Pero, ¿qué podía hacer el pobre Petronio si la vida romana del siglo I era “enormemente obscena y pornográfica”? ¿Contarnos las aventuras de Blancanieves?  Ya vemos que aparece un vínculo entre ficción escrita y realidad social.

El episodio más famoso es el banquete de Trimalción, una descripción sumamente cruda de un banquete ofrecido por un nuevo rico y ostentoso liberto.

Veamos este ejemplo de Petronio excusándose ante una dama por no haber satisfecho el condumio sexual a causa de una súbita impotencia que en Roma también cundía como peste.

 

“Reina mía: tienes ante ti al reo que se confiesa culpable. Haré lo que me ordenes, busca un castigo que esté a la altura de mi crimen. Si decides mi muerte, iré con mi espada; si te bastan los azotes, corro desnudo a recibirlos; pero acuérdate tan sólo de una cosa, no fallé yo sino mi instrumento. Soldado dispuesto a la guerra no encontré mis armas a tiempo y venció el enemigo. No sé quién fue el aguafiestas, tal vez la imaginación se adelantó a la lentitud del cuerpo, tal vez la misma fuerza del deseo ahogó la pasión”.

Podemos seguir multiplicando los ejemplos de literatura erótica, obscena, pornográfica o sensual y fijando límites ficticios que sólo las convenciones humanas pueden canonizar. Si volvemos a recordar el origen griego de lo que es obs-skene lo que está debajo, detrás o fuera de la escena y no debe ser mostrado para evitar el escándalo público, que para el fino espíritu griego eran las degollinas y masacres entre padres e hijos; si ponemos el énfasis en qué se muestra y qué se oculta ya tendremos un pronóstico de lo que se considerará obsceno o pornográfico para una determinada sociedad.

Así como la prostitución ha sido considerada intrínsecamente inmoral porque mercantiliza el amor o la sexualidad; también la literatura decaería cuando su autor o autora incurre en minuciosas descripciones anatómicas y fisiológicas buscando exclusivamente el valor de mercado. Pero qué, quién y cómo define esto es lo que llamamos censura en otros tiempos.

 Históricamente la ambigüedad occidental con la anatomía humana produjo desnudos en catedrales y gente vestida en salas de arte. El cómo se muestra lo que se muestra no cambia lo que se muestra. Pero, se nos dice que hay jerarquías: Adán puede –y debe, es su obligación bíblica y moral- posar desnudo junto a Eva, pero ¿quién imaginaría a la Virgen en la misma situación iconográfica? La descripción cruda de un Sade equivale a esta profanación pero en el ámbito mucho menos abacial de una recámara como en la “Filosofía del tocador”. Y el caso de Sade considero que es central para el tema/anatema del Sexo y la Literatura. Sade estableció un modelo de vinculación entre el pensamiento como supuesta hipóstasis del espíritu y el yugo del cuerpo imponiendo las reglas del juego en la realidad. Se habla de obscenidad cuando hay escenas genitales explícitas que podrían haberse suprimido sin cambiar la esencia de una obra. Para Sade la esencia era el reconocimiento del otro a través de la genitalidad; o mejor aún  de lo más biológicamente instintivo: del erotismo y lo tanático, el orgasmo y el aullido de dolor, muchas veces unidos como las dos caras de una misma moneda.

Vemos un fragmento de “Justine, o los infortunios de la virtud” y pido, como en las películas serias a todas las personas impresionables que abandonen la sala si hay riesgos de asalto a vuestro pudor. Porque Sade asaltará y saltará sobre cualquier convención.

 

“Echando en la cama a las cinco jovencitas en posturas tan variadas como voluptuosas, le pusimos a cada una dos muchachos sobre el cuerpo. Por una inversión de todos los principios físicos propia del estado en que estábamos, introdujimos los penes más gordos en los culos y los más pequeños en las vaginas. Recorríamos los grupos, los animábamos, y el mayor placer de Olimpia era sacar cada pene de los caminos que recorría, chuparlos un momento y devolverlos a su sitio respetuosamente. Algunas veces, cuando los caminos estaban vacantes, bien fuese el del culo o la vulva, metía la lengua y lamía plácidamente durante unos minutos mientras aquel cuyo sitio había ocupado la penetraba por el ano. Yo estimulaba el celo de los combatientes con enérgicas palmadas hasta que un diligente sirviente me trajo un nervio de vaca con el que azotaba sin piedad las nalgas por turno y llegué a ensañarme hasta sacarle surcos de sangre a una de las muchachas que se entretenía lamiendo los cojones de un mancebo a quien también dejé marcas en la espalda”.

 

Párrafos más adelante el maestro da una lección a la huérfana Justine:

 

“Deja en paz a la justicia celestial, a sus castigos y recompensas venideras, todas esas tonterías de los escrúpulos no sirven más que para olvidarlas al salir de la escuela, o para matarlo a uno de hambre si se tiene la estupidez de creerlas. El poder de los ricos hace legítima la pillería de los pobres, querida hija. Tenemos que conseguir que sus bolsillos se abran a nuestras necesidades. Cuando en sus corazones reine la humanidad vosotros los pobres podrán darse el lujo de defender la virtud, pero mientras nuestro infortunio, nuestra paciencia, nuestro servilismo no sirvan más que para reforzar las cadenas con la que nos oprime la sociedad, nuestros crímenes serán obras de ellos. La naturaleza nos ha hecho nacer a todos iguales, si el destino se complace en perturbar este primer plan de las leyes generales está en nuestras manos corregir sus caprichos y en nuestra habilidad el poder usurpar a los más fuertes lo que nos quitaron antes de que naciéramos. Me gusta oír a esos ricos, a esos jueces, a esos magistrados predicando la virtud cuando no son acosados por ninguna necesidad. No los hurga el hambre, ni los apremios del alquiler, ni se les reclama trabajar como bestias. Para los pobres todo es distinto, deja en paz de una buena vez a esa bárbara  providencia a la que adoras como ídolo y te ha condenado a arrastrarte por el suelo como la serpiente en la hierba mirando con desdén nuestras desgracias.”

 

Se hablaba de lo pornográfico como un elemento gratuito en una obra literaria. Después de Sade es difícil encontrar nada gratis. Los límites entre la reflexión platónica e inmaterial del espíritu y la sedienta sedición de la carne se han borrado para siempre. Un autor o autora puede –y debe, si es honesto- prohibirse la autocensura mojigata y conversar con el bien y el mal al mismo nivel, porque en el fondo la obra necesita de la inocencia de un mundo recién terminado de construir y la inocencia, ya lo sabemos, no conoce las diferencias entre el bien y el mal moral. Sólo el extenuante ejercicio de la costumbre se lo irá enseñando con el tiempo. El erotismo y el misticismo participan de lo extremo. Uno de la pasión de lo tangible, el otro, de la carencia de sensaciones físicas pero ambos envueltos en el arrobamiento del trance; las sesiones del Marqués de Sade y los éxtasis de Santa Teresa tienen algo en común. El mismo Cantar de los Cantares establece este vínculo a través de una larga alegoría.

 

Vemos lo que escribió Norman Mailer en “Un sueño americano”:

 

“Hubo una explosión furiosa, traidora y caliente como en comienzo de una caída nevada donde la velocidad hace que se junten los tobillos con las narices, súbitamente perdí los sentidos y justo en ese momento todas las gamas de colores y dulzuras se me desataron y sacudiéndome empujé en su culo tan fuerte como si hubiese venido volando a través de la habitación. Ella lanzó un aullido de rabia. Su éxtasis le debe haber significado un feroz retorcijón”.

 

Ved, estimados parroquianos que si quitásemos la palabra “culo” todo el resto parece un salmo. ¿Acaso un simple término basta para travestir un texto de lo sagrado a lo obsceno? 

Veamos un fragmento de “Vox” de Nicholas Baker:

 

“Decidí que tenía que sacarme una fotocopia de la pija, bueno, no, dos fotocopias del pito, una antes de usarlo y otra después. Y dejar los documentos sobre su escritorio.

-¿Qué pretendías conseguir con eso?

-Bueno, quería que viese mi pija, pero claro, no iba a sacármela delante de ella así porque si. Me hacia falta cierta distancia… bueno, somos gente civilizada, la cosa no puede pasar del papel. Pero no te creas que es tan fácil fotocopiarse el pito. Es un deporte que se practica en oficinas, me consta, pero hay que ponerse a hacerlo para saber lo que cuesta. Primero tenía que conseguir algo parecido a una erección y ahí, delante de la fotocopiadora, en una oficina desierta no es tan fácil como parece. Me puse a pensar en ella mirando la fotocopia de mi pija el lunes próximo y diciéndose, caramba, qué tipo más tarado sin tener más remedio que mirarla y requete mirarla sin poder apartar los ojos de aquella imagen concreta de una pija retratada casi saliéndose del papel; y después la metía en algún archivo secreto donde pusiera en el rótulo “fotopila”. Así se me puso más dura y ahora había que colocar el órgano sobre el cristal de la máquina y cuando lo intenté, me faltaba un poco más de margen, ¿me entendés? Había que reducir un 70% para que apareciera todo el órgano”.

 

Vamos viendo que nos defendemos del pudor con el humor. Todo relato de la sexualidad casi siempre resulta cómico. Incita a la risa como forma solapada de desprestigiar la inquietud que provoca inevitablemente. Sabemos que pisamos terreno prohibido y que los autores naturalmente transgresores han abierto el mar antes que nosotros para enseñar que en el prodigio no hay milagro ni pecado. Georges Bataille, Oskar Panizza, Jean Genet, Henry Miller, Anaïs Nin ya profetizaron en la tierra de promisión y no se halló el pecado prometido, ni el anatema, ni la maldición de la serpiente. Ni llovió fuego y azufre. Encontraron un aspecto de lo humano que busca infatigablemente la intensidad en los sentidos, el vértigo de la verdad que no sólo aparece en libros sagrados. También está escrito en nuestros cuerpos.

 

Alejandro Maciel. 

 

 

 


[1] Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua.

[2] Recordemos que “Educación” es todo aprendizaje individual que es socialmente útil.

[3] En Oriente las “Mil noches y una noche” como así también el “Kamasutra” parecen ser anteriores.

 

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