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LA CULPA DE LOS MUERTOS

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De la novela “Culpa de los muertos”, (Edit. Rubeo, Barcelona, 2008) trabajé en su adaptación a teatro para presentar una obra en este Bicentenario de la Argentina.
Con los actores correntinos exiliados Griselda Figueredo y Juan Manuel Romero más la asistencia técnica de Gustavo Rey estamos iniciando las gestiones por el Ateneo Cultural de la Fundación Nueva Argentina para posibilitar el montaje de la obra que tiene dos personajes y la irrupción icónica de imágenes y cine dentro del teatro, una experiencia que como autor me debía desde hace unos 10 años.
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Hace también 10 años deseaba dedicar un trabajo a mi padre, Próspero Bovino que se lo merece. Vaya esta “Culpa de los muertos” como homenaje personal.

El texto de “Culpa de los muertos”, versión teatral puede verse en el siguiente espacio de la red:

http://culpateatro.blog.terra.com.ar/

 

 

GRACIAS: A. Maciel Bovino

EN COLONIA TRES DE ABRIL

Patria hermosa de la infancia
Sin pecado original
Una laguna, un camino
Que en mi sueño es arenal

Una quinta de naranjos
Se quema de sol y azahar
Cuando atardece en el cielo
Cae la noche sin mal

Allá empecé el camino
Que nunca dejo de andar
Busco al frente tu recuerdo
Pero no espero llegar
Siempre andaré recorriendo
Descalzo, tu naranjal
Porque esa tierra es sagrada
Sin principio ni final.

Doña Ventura de Sánchez
Cúreme este desconsuelo:
Déme hierbas para el alma,
Me duele acá, en el recuerdo.
En Colonia Tres de Abril
El cielo se está muriendo.

LA BOCA DE LAS VOCALES

LA BOCA DE LAS VOCALES

Se durmió el Oso Hormiguero

de tanto comer bananas

Y eso que no tiene boca,

ni puede decir pavadas.

Se durmió soñando un tren

donde viajan las vocales,

con la “A” que va al dentista

a curarse cuatro caries.

La comadre de la “U”

tiene flojas las caderas,

no puede bailar corridos,

flamenco, ni chacareras.

¡Pero mire doña Poncia,

con quién conversa la “E”,

oronda, como si nada

y tomándose un jerez!

Nada más ni nada menos

con la “I” que es tan delgada

que ya no dobla las piernas,

almuerza y duerme parada.

Pero el colmo de los colmos:

La “O” está con paperas

y la cara se le hinchó

desde adentro para afuera.

¡Qué bicho el Oso Hormiguero!

Durmiéndose a pata suelta

se me comió las vocales.

No puedo seguir el cuento.

¿Qué hago con consonantes?

Nmrscv trs ñpbm gtskj:

no me sirven para hablar

Si el bicho sigue durmiendo

lo vamos a despertar.

Cantando la marcha nupcial

“agua va” al bicho durmiente,

Como se hace en carnaval

Cuando se baña la gente.

¡Éa!

Alejandro Maciel en Jujuy, agosto 2009

Alejandro Maciel en Jujuy, agosto 2009

By Alejandro Maciel, de “20 poemas de humor y una canción disparatada” escrito con Pepa Kostianovsky. Editorial Servilibro, Asunción, Paraguay, 2004.

¿No será un demonio, lo que le chuzó el pecho a la Señoa?

Más demoníacos que mis administradores, no hay nada, Sacramento. Esa trinidad de don Pantaleón, Poncio y don Lucho debería gobernar el Pandemonium.

¿Qué lugar es, Señoa?

La capital del Averno.

¿Qué son lo diablo y dónde están?

Ay, Sacramento, alcanzáme el libro grande, el de tapa morada, del basileo. Te voy a enseñar lo que me contaron del Infierno.

Yo no quiero mirar, Señoa. Hay un diablerío por toda parte.

Más hay en el mundo. En estas “Cartas de la Noche” un tal Jean Wier censó los siete millones cuatrocientos cinco mil novecientos veintiséis demonios reclutados. Es como un organigrama del Báratro.

¿Tanto diablo suelto?

Hay mil ciento once legiones patrullando la tierra día y noche, para arrasar el bien allí donde prospere, dice el basileo. Pero a estos helvecios hay que creerles a medias. Y a los basilienses, la mitad de media, de manera que nuestro Wier tiene un cuarto de crédito. Vamos a leer un poco. Acá dice: “demonios hay muy aviesos, entrenados en el deporte del mal, que se cuelan por las rendijas del alma para perjudicar a los cristianos”.

No entienda nada.

Ya sé. Hay que traducir. Las palabras de estos ocultólogos son enrevesadas, confusas, embrolladas. Esconden más de lo que nombran. Mienten más de lo que mentan. ¿Dónde se ha visto que el alma tenga grieta, fenda o ranura? Un alma con puerta ya está muerta, se escaparía ella misma por el umbral. Se dejaría vacía. El alma no tiene resquicios, sólo tiene vicios.

¿Entonce miente el gringo?

No. No miente. Quiere llegar a la verdad por el camino más largo. Está diciendo que una debilidad de nuestra parte, un descuido infeliz o demasiada confianza, puede abrir las puertas del Infierno y dejar pasar los diablos.

Reseña crítica acerca de la novela “Culpa de los muertos”, de Alejandro Maciel, Editorial Rubeo, Barcelona, 2008.

http://www.insulalibros.com/

 

“Efectivamente, el editor me remitió su novela “Culpa de los
muertos”, que he leído con atención y agradable sorpresa por su
excelente escritura. Un concierto coral multiforme que traduce muy bien
la dura historia, aunque el humor y la ironía templan bastante el ánimo
del atrapado lector. Incluso el hecho del doble tipo de letra contribuye
a la multiplicidad de reflejos que abren y cierran la trama de manera
muy equilibrada por mor de la alternancia. Mi enhorabuena más convencida
y sincera”.

Prof. Victorino Polo García

Cátedra de Literatura Hispanoamericana

Universidad de Murcia. España. 2008

Dibujo de Elena Balletbo

REVISTA LIBRO “Palabras Escritas”

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240 páginas, tapa negra, 13 x 24 cm.

 

Editorial SERVILIBRO, Paraguay.

 www.servilibro.com.py

25 de Mayo esq. Méjico, Plaza Uruguaya,

 

Asunción, Paraguay.

 

Tel/Fax: (595-21) 444770

 

Dirección: Alejandro Maciel

 

 

Dirección editorial: Vidalia Sánchez

 

Ilustraciones de Miguel Pencieri.

 

ISBN 99925-993-7-5

 

Dirección de la revista: talomac@gmail.com

 

http://palabras2008.blogspot.com/

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El Nº 6 de “Palabras Escritas”

 

aparecerá en noviembre/2008.

 

La publicación semestral “Palabras Escritas” aparecerá con el Nº 6 de este “Diálogo cultural entre Brasil e Hispanoamérica” con trabajos sobre la narrativa de Juan Rulfo en “Pedro Páramo” de la catedrática Milagros Ezquerro, de la Universidad París X Sorbona, cuentos de Carolina Orlando, Susana Ballaris, Pilar Romano, Marcelo Valenti y Ricardo Benítez, poesías de Elvio Romero, Pepa Kostianovsky, Florencio Godoy Cruz,  ensayos de Salma Ferraz (Univ. De Florianópolis), Hugo Boleso, Enrique Acuña, Coriolano Fernández, Vicente Peiró (Univ. De Valencia).

 

“Palabras Escritas” publica obra creativa de nuevos autores latinoamericanos, tanto de Brasil como Hispanoamérica y obra crítica de especialistas de universidades como: Poitiers, Montreal, Santa Catarina, R G do Sul, Ottawa, Valencia, Madrid, Buenos Aires, Sorbona de París, Gottemburgo, y que se ocupan de obras o autores latinoamericanos.

 

El Nº 5 dedicado a Juan Rulfo fue presentado en la Feria del Libro de Buenos Aires, en el stand de Brasil.

 

Cada número lleva una tapa e ilustraciones especialmente realizadas por el plástico argentino Miguel Pencieri.

 

Ya se ha publicado obra creativa de autores de Méjico, Chile, Colombia, Venezuela, Costa Rica, Brasil, Bolivia, Perú, Uruguay, Argentina, Paraguay, Ecuador y Cuba.

 

Para colaborar enviar trabajos (hasta 4 páginas de Word en letra de cuerpo 12) poesías, cuentos, fragmento de teatro, novela, comentario literario, ensayos al e-mail:

 

talomac@gmail.com

 

alejandro maciel, 2008.

 

 

 

 

CONSIDERACIONES LITERARIAS ACERCA DE PUERTOS Y PUERTAS.

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Hemos de observar que la palabra “Puerto” proviene del latín portus que significaba el espacio geográfico del puerto, el almacén y la aduana; todo ese conjunto era el puerto. Por ejemplo, el Portus Galia que también significaba “la puerta de las Galias” terminó transformándose en Portugal. Puerto y puerta además de ser parónimos son términos casi equivalentes que sólo difieren en la última vocal. Porque el puerto no es más que la puerta de una ciudad ribereña, tanto marítima como Cádiz o fluvial como Corrientes o Asunción. Buenos Aires debe su histórica fama al hecho de ser una puerta doble que abre al río y al mar al mismo tiempo. Tampoco deberíamos olvidar que muchas ciudades, como esta misma de Corrientes fue fundada como puerto aunque después la red vial nos haya hecho olvidar ese pasado oxidando las plumas de las grúas en nuestro maravilloso puerto. Pero aquel barco con dueñas y grumetes fletado en Asunción en 1588 bogó sin descanso hasta recalar en el emplazamiento frente a las siete puntas que le daban grandes ventajas portuarias y dársenas naturales.

¿Y qué es un puerto, entonces? Un puerto queridas damas, pacientes caballeros no es más que un sitio de intercambio, de entradas y salidas, de comercio, de negociaciones donde los nativos conversan con los forasteros sin un protocolo burocrático ni palaciego. ¿Y de qué hablarán esos nativos y esos viajeros? De sus intereses, el puerto es el sitio exacto donde los intereses materiales que tanto aborrecemos los intelectuales se presentan desnudos, desprovistos de ideologías; allá un señor bigotudo se empeña en vender mercaderías, acá una comerciante bisoña se entrena en el regateo, pide más y ofrece menos. A nadie se le ocurriría mezclar en estas transacciones ideas acerca de la inmortalidad del alma, la situación del ser-en-el-mundo o los distintos enfoques de la teoría de la plusvalía. No. En el puerto se compra y se vende y todo tema ajeno a este fino equilibrio económico, cae en franca herejía. El puerto, la puerta de la polis, es el dominio de lo concreto, del comercio, del trueque, de las divisas y así, la realidad concreta va creando la abstracción de los números, el álgebra, las matemáticas, los sistemas filosóficos, políticos y religiosos: de la zona cananea se originaron las maravillas del mundo antiguo; se inventaron los dioses que hasta la fecha adoramos, el conteo que nos auxilia en las estadísticas, el reracionamiento social, el uso de la propiedad, la sociedad.

¿Cómo se produjo todo este milagro en un mercado de ventas?

En un puerto de Fenicia llamado Tiros, buscando registrar las cantidades se inventó el 0 (cero) y el sistema decimal. En otro puerto de Ugarit se creó el primer alfabeto que permitió la escritura y con la escritura se inventó la Historia que ya no deja librado a la frágil memoria de los hombres todo el pasado de la civilización. Creo que vamos viendo claramente cómo, a partir de una necesidad material surge una abstracción que lleva al camino del pensamiento y una vez echado a rodar el pensamiento jamás se detiene. No encuentra límites, la imaginación siempre se le adelanta con nuevas tierras prometidas.

¿Por qué los correntinos dimos la espalda al puerto arrinconándolo detrás de los barrotes de ese enorme paredón que encierra la Costanera hasta el Parque Mitre? Yo ignoro las intenciones de quienes planificaron esa obra pública, tal vez invocando cierto funcionalismo arquitectónico se haya querido alejar esa nítida imagen del trabajo que imprime un puerto donde todo es actividad, movimiento, desplazamiento, cambio permanente, dinámica. También abandonamos los viajes fluviales que aunque son más lentos, eran mucho más seguros que las catastróficas rutas argentinas: también esto es una señal de nuestros tiempos donde todo es apresuramiento, urgencia e inmediatez. Vivimos el tiempo como nos lo impone la TV donde cada segundo que se pierde es dinero de la publicidad que no entra y la sucesión de imágenes que valen por mil palabras debe reemplazar a las palabras que nos permiten ser racionales y pensar.

Y si hablamos de tiempo, podríamos contar la historia Argentina desde los puertos, lo que sería contarla desde la economía, lo que sería despersonalizarla de héroes y caudillos para enfocarla en los intereses materiales que estaban en juego. Desde la época colonial con el monopolio de España, después la inquietud de los criollos por librarse de la tutela comercial de la Metrópoli europea en decadencia, después la larga, larguísima lucha entre el puerto de Ultramar de Buenos Aires, aduana del país y las economías regionales que reclamaban su participación y crecimiento en eso que eufemísticamente llamamos la lucha entre Unitarios y Federales y decoramos con insignias punzó, escarapelas blancas, facones, guerras, exilios, bloqueos anglosajones, cierre de los puertos fluviales, insurrecciones, montoneras, interminables batallas de ejércitos e ideas que terminaron con un triunfo pirrónico de un federalismo proclamativo de la Constitución y el centralismo real de la economía.

¿Han visto, queridas señoras, pacientes señores cómo, a través de los ojos del puerto, la historia tiene otras explicaciones? ¿Importan en este Debe y Haber los nombres de caudillos y caudillejos que abarrotan los manuales de Historia Argentina, o pasan a un plano subsidiario? Sus nombres quedan más vistosos ahora en los mausoleos y panteones del cementerio de la Recoleta mientras nosotros, con ojos en este siglo XXI tan lleno de contradicciones podríamos aprender algo más del pasado y sus intereses encontrados.

Otro punto deseo recalcar; algo que nos enseña un puerto y demasiado fácilmente lo olvidamos. El puerto en el templo del diálogo franco. No hay sitio para especulaciones fanáticas ni regodeos sintácticos. En el puerto la mercadería tiene un nombre que es su precio; es lo único que se discute hasta llegar a un acuerdo entre partes: la mercadería y su precio. Ya dijimos que nadie invocaría catecismos políticos ni religiosos para convencer a la otra parte. Hay una transacción que es el diálogo, una materia que es la mercancía y sobre la que se pueden discutir sus cualidades y un precio que arregla el acuerdo entre las partes. ¿No es todo esto un ensayo del diálogo político?

Vayamos por parte. Muchos de ustedes habrán usado la fracesita que va y viene contra la democracia y que dice: ¿Cómo vamos a creer en los políticos si ellos se pelean en público y después se sientan entre ellos a negociar y terminan a los abrazos?

Vayamos por parte.

Es obligación de la clase política sentarse a negociar mis queridos amigos. La base del sistema representativo es justamente el depósito colectivo que hacemos todos de asignar a los representantes nuestra parte en las negociaciones. ¿Qué es negociar? Discutir puntos en conflicto hasta llegar a un acuerdo que no perjudique del todo a uno ni a otro ni favorezca todo a uno ni a otro. Para eso existe el recinto de las cámaras legislativas, para que ese debate, esa discusión entre las partes (por ejemplo entre el gobierno y la oposición) se haga público, que cada una de las partes exponga públicamente es decir a puertas abiertas sus exigencias; la otra parte escuche, valore y responda exponiendo también públicamente su posición. Si el debate es fructífero, se vota, se cuentan los votos y se llega a una decisión. Pero todo esto, cuando el sistema funciona correctamente, se hizo en el ágora pública, frente a la gente. Y está bien que así sea ya que es la base del sistema democrático; no tenemos por qué ofendernos al saber que se negoció un acuerdo, es lo normal. Era lo que sucedía diariamente en el puerto en el que comprador y vendedor discutían un acuerdo sin que nadie se sintiese ofendido, traicionado ni viera en ello teorías conspirativas.

De manera que no podemos denunciar como fraudulenta la práctica negociadora de la clase política. Ahora, cuando esa clase política se reúne a puertas cerradas a convenir acuerdos, cuando entre en cónclaves secretos y no quiere dar explicaciones; cuando se cierran los claustros públicos y empiezan las deliberaciones en privado ya podemos estar seguros que pasamos del negocio al negociado, de la política a lo privado. Y ahí sí nuestras sospechas empiezan a tener fundamentos porque pasamos del puerto al palacio y nunca nadie en ningún palacio negoció a favor de ningún pueblo mis queridos amigos y amigas. O para no ser tan radical; al menos yo no tuve noticias de que esto sucediera alguna vez.

Muchas gracias.

by Alejandro Maciel, 2008.

alejandro maciel 2008

alejandro maciel 2008

Veníamos diciendo que en la lista de los pecados capitales (es decir aquellos que potencialmente pueden asesinar el alma) hay una dudosa lista de faltas en las que sobran la gula, por ejemplo, y faltan la crueldad, la codicia que es mil veces peor que la avaricia ya que avanza sobre los bienes ajenos, mientras la avaricia por definición es el excesivo apego a los bienes PROPIOS.

He aquí la nómina censada por Santo Tomás de Aquino:

[1] No así a Santo Tomás de Aquino (Summa, II-II:153:4) que enumeró los siete pecados capitales y sus virtudes antagónicas: 1) Soberbia/Humildad  2) Avaricia/Generosidad  3) Lujuria/Castidad  4) Ira/Paciencia  5) Gula/Templanza  6) Envidia/Caridad  7) Pereza/Diligencia. No sé por qué pasó por alto la Crueldad que según Aída Aisenson Kogan (y la acompaño) supera en maldad a muchos de la lista. Además, mil veces peor que la avaricia (mezquinar los bienes propios) es la codicia (ambicionar los bienes ajenos) y considerando que Santo Tomás fue uno de los hombres más obesos de su tiempo, no hubiese sido mala idea tender un manto de caridad sobre la gula y evitar la mención de la cuerda en la casa del ahorcado.

De los pecados capitales

Hablando de otras cosas, ¿qué opinión les merecen eso de los pecados capitales? Aída Aisenson me dice que no se incluyó la crueldad (que hace tanto daño) y sí la gula que es una boludez… y otra observación que me hizo: no figura la codicia (desear los bienes ajenos) sino la avaricia (aferrarse a los bienes propios) lo cual, pensado en el bienestar general es exactamente al revés ya que es mucho más peligroso para la salud publica la codicia (ladrones, asaltantes) que el simple avaro que a nadie hace daño.
Es para pensarlo, ¿no?

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