Veníamos diciendo que en la lista de los pecados capitales (es decir aquellos que potencialmente pueden asesinar el alma) hay una dudosa lista de faltas en las que sobran la gula, por ejemplo, y faltan la crueldad, la codicia que es mil veces peor que la avaricia ya que avanza sobre los bienes ajenos, mientras la avaricia por definición es el excesivo apego a los bienes PROPIOS.
He aquí la nómina censada por Santo Tomás de Aquino:
[1] No así a Santo Tomás de Aquino (Summa, II-II:153:4) que enumeró los siete pecados capitales y sus virtudes antagónicas: 1) Soberbia/Humildad 2) Avaricia/Generosidad 3) Lujuria/Castidad 4) Ira/Paciencia 5) Gula/Templanza 6) Envidia/Caridad 7) Pereza/Diligencia. No sé por qué pasó por alto la Crueldad que según Aída Aisenson Kogan (y la acompaño) supera en maldad a muchos de la lista. Además, mil veces peor que la avaricia (mezquinar los bienes propios) es la codicia (ambicionar los bienes ajenos) y considerando que Santo Tomás fue uno de los hombres más obesos de su tiempo, no hubiese sido mala idea tender un manto de caridad sobre la gula y evitar la mención de la cuerda en la casa del ahorcado.