LA NOVELA DE LOS MACRI Y LA VIRGEN ARRESTADA
Confieso que me sorprendió hallarme repentinamente con el culebrón político~familiar de Franco y Mauricio. Que 400 millones de dólares representen una cifra por la que un empresario es capaz de vender a su madre al contado, no resulta extraño. Que los negocios de Franco, un neoliberal de pura cepa, cabalguen al compás de buenas relaciones con el Gobierno nacional, la China y el holding empresario, tampoco es una sorpresa. Pero el cruce mediático de apreciaciones paterno-filiales acerca de sus mutuas capacidades (“no sirve para nada, es un haragán”, Franco dixit), cruza un poco la barrera del sonido. El Jefe de Gobierno está en su peor momento, sé que es un truismo decirlo, pero tal vez la situación vaya empeorando con el paso del tiempo; el pedido de auto-juicio político no parece prosperar y de todos modos, tampoco afecta el curso de la instancia judicial que lo acorraló detrás de una muralla tan sólida como vayan apareciendo pruebas: el aparato de espionaje montado desde el Gobierno de la Ciudad Autónoma como si fuese una dependencia anexa, el frondoso prontuario del Jefe de la Policía Metropolitana que designara, y por último, haber escogido un espía que se llama Ciro, como si fuese un nombre fácil de ocultar. Si no hay malicia, la torpeza raya con el absurdo; mientras tanto la administración de la CABA seguirá atravesando torbellinos, parálisis de obras públicas (aunque, digámoslo, tampoco se echaron a rodar con este grupo de operaciones gubernamentales…) y todo perjudica a esta Buenos Aires que, como decía Borges, sería “tan eterna como el agua y el aire”.
A pedido del licenciado Estrada doy a conocer un episodio de la historia que hallé investigando sobre Mariano Moreno para escribir la novela. Sucedió en La Paz (Bolivia), el 16 de julio de 1809. Varios criollos organizan un motín para derrocar a las autoridades españolas que gobernaban en nombre de Fernando VII a quien Napoleón había sacado del trono casi a patadas para poner en su sitio a su hermano José Bonaparte (Pepe botellas), como sutedes recordarán, esto produjo un vacío de poder ya que América era posesión personal de los reyes de España, y no habiendo reyes de España, la soberanía era devuelta al pueblo, por lo que éste, organizando una junta gubernativa (como sucedió en nuestro Cabildo un año más tarde) adquiría el derecho pleno a gobernarse por sí mismo. En La Paz, los revolucionarios Gregorio García Lanza, Juan Indaburu y el cura José Medina deponen al gobernador y forman una Junta Tuitiva formada por criollos. Reaccionan violentamente los funcionarios españoles pero poco a poco los van venciendo hasta que queda como último baluarte de la reacción el obispo Remigio de La Santa Ortega. Los caudillos revolucionarios se protegían metiendo en la cárcel a los enemigos pero el obispo sólo tenía el recurso de excomulgar a los rebeldes, lo que no era poca cosa porque en 1809 sólo tenían posibilidad de gobernar las colonias españolas los católicos y la excomunión aparta al sujeto de la confesión religiosa. De La Santa Ortega fue excomulgando sucesivamente a cada uno de los miembros de la Junta, pero como ellos se pusieron bajo la protección de la Virgen del Carmen, el obispo de la Santa Ortega no tuvo mejor idea que excomulgar a la Virgen “por sediciosa y subversiva”. Esto sucedió el 16 de julio de 1808 (día de la Virgen del Carmen) a las 18 horas en La Paz. Las referencias están en “Historia Argentina” José María Rosa, Tomo 2, capítulo II “Los últimos años españoles”, Edit. Granda, Brasil, 1967.
¿Hace falta agregar algo?
Alejandro Bovino, escritor, para Momarandú.